De aquellos barros, estos lodos
Mi testimonio sobre la desoladora DANA que azotó Valencia.
11/4/202510 min read


¿Una DANA cualquiera?
Hace un mes que se cumplió el primer aniversario de la trágica DANA que aquel 29 de octubre de 2024 que devastó nuestra región. Me hubiese encantado haber redactado esto un poco antes, pero es que entre ensayos de teatro, partidos, entrenamientos y trabajo me estaba resultando imposible. No obstante, no quería dejar pasar la oportunidad de contar mi experiencia sobre aquella fatídica jornada y sus días posteriores.
Para situarnos, la DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) es un fenómeno habitual después del verano. Vivimos en una región cálida y húmeda, donde en el aire se retiene la humedad. Es como si el vapor se quedase en la atmósfera, aunque no lo percibamos. Con la llegada del otoño, aparecen frentes de aire frío que al impactar con estas masas cálidas desencadena lluvias torrenciales, vientos intensos y tormentas que pueden prolongarse durante horas.
Algo que es habitual en el mes de octubre pasó a ser más peligroso que otros años. Ese día fue martes, y como un día normal, estaba de camino al trabajo. El cielo estaba bastante feo y tenía pinta de que iba a llover bastante, aunque bueno, como siempre ¿no? Yo estaba frente a mi ordenador en la oficina y una de mis compañeras ya avisó de que el río Magro en Utiel se estaba desbordando. Y es curioso, porque el Magro es un río que está seco la mayor parte del año y solo tiene agua en los momentos que llueve bastante. Incluso llegó a desbordarse... Hay que tener en cuenta que Utiel está en una zona mucho más elevada de la costa, y que por tanto ese agua que sobresalía del Magro iba a bajar hasta la zona de Valencia. Al tiempo... apenas eran las 9 de la mañana.
Mientras tanto mucha incertidumbre y algún vídeo que se enviaba por Whatsapp no dejaba tranquilo a nadie. Carreteras colapsadas, coches destrozados, pueblos enteros inundados... No obstante, a las 13:00 horas, una comparecencia de nuestro ex President de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, anunciaba que el temporal se alejaba a la serranía de Cuenca y que el temporal empezaría a remitir a partir de las 18:00. Claro, el señor no había comido todavía.
Lo que vino después
Esa tarde estuve trabajando, como otra cualquiera, y nunca me olvidaré de aquel horizonte que veíamos desde la salida de la fábrica. Trabajo en un polígono industrial situado arriba de una colina, por lo que estoy a más altura. Así que a lo lejos se veía una tormenta, con nubes negras y rayos. Parecía de una película, y allí ya me empecé a preocupar. Y no es para menos. En localidades como Chiva, las precipitaciones esa tarde fueron de 600 litros/m2, en Turís de 771 litros/m2 o en Utiel de unos 330 litros/m2 en tan solo 8 horas. Para poner en contexto, es como si en un solo día hubiese llovido lo correspondiente a un año entero.
Fuente de la imagen: https://www.fundacionquaes.org/
Los barrancos ya estaban desbordados. El barranco del Poyo llegó a acumular más de 2.000m3/s y la Presa de Forata (que regula las aguas del Magro) estuvo a punto del colapso. Durante esa tarde ya estaban circulando imágenes de coches arrastrados por el agua y gente intentando sobrevivir. Lo más curioso es que en las zonas de L'Horta Sud afectadas como es el caso de Paiporta, Catarroja, Benetússer o Massanassa no llovió nada. Y sin embargo, sufrieron la crecida del barranco del Poyo como si de repente el río Nilo pasase por nuestra región.
Yo recuerdo estar en el gimnasio, ajeno a todo lo que estaba pasando. Yo ni si quiera era consciente de la gravedad de la situación. Y de repente, a las 20:11 sonó la famosa alarma de Protección Civil desaconsejando los desplazamientos en la provincia de Valencia. Pero lamentablemente ya era tarde. Ya existía una gran pérdida de cosas materiales... y lo que es peor aún, de vidas humanas.
Pasé la noche del 29 de octubre en mi casa, pero la sensación es de que había pasado algo muy peligroso. Los días siguientes, se respiraba un ambiente tenso. Para acudir a mi puesto de trabajo no toqué ninguna zona afectada, así que fui a trabajar como si estuviésemos en las vacaciones de verano. No había coches. Y por supuesto, mucha gente faltó a su puesto de trabajo. Las zonas afectadas apenas están a 5 km de mi casa. Imagínate por qué poca distancia no hubo también una catástrofe en mi barrio.
Los mensajes de Whatsapp eran desesperantes. Mucha incertidumbre... Cada vez circulaban más imágenes devastadoras de coches y ruinas. Hubo amigos de los que ni si quiera supe nada porque se habían quedado sin cobertura. Fue horrible, yo no me podía creer lo que estaba pasando. Siempre que ves esas cosas en la tele, parece que nunca te va a tocar a ti. Además también empezó a cundir el pánico por la desinformación y por la falta de socorro. Las jornadas en el trabajo eran inaguantables, y estuve más tiempo pensando cómo podía ayudar que en hacer mis tareas. Al fin y al cabo, conozco a mucha gente afectada en las zonas perjudicadas. Lo que me gustó fue que mucha gente se movilizó para comprar material para quitar barro: palas, haraganes, cubos... lo que hiciese falta con tal de retirar lodo. Durante los primeros días tras aquel 29 de octubre, lo más importante era llevar comida, agua y pañales. No sabíamos exactamente donde ni a quien, pero nos pusimos manos a la obra para ayudar.
El día de antes de adentrarme como voluntario, tenía claro que me daba igual cuánto dinero me gastase o el tiempo que le fuese a dedicar. Había mucha gente que necesitaba ayuda y sentía que no podía dejar a mis vecinos tirados. La tarde anterior compré material junto con unos amigos para ir retirando barro. Fue una tarde en la que veías como mucha gente acudía a comprar bienes de primera necesidad y material de ayuda. Todo era necesario. Recuerdo hasta comprar botas de agua, las cuales no he usado desde la infancia.
Manos a la obra
La mañana del 1 de noviembre fuimos un grupo de amigos coordinados por Whatsapp de manera aleatoria y compramos en Carrefour botellas de agua, pañales, leche... no recuerdo ni a cuanto ascendió el ticket. Pero daba igual porque teníamos que cumplir ese deber. Nos desplazamos en coche hasta el barrio de San Marcelino, que es el que más cerca está de la ciudad de Valencia del famoso puente donde cruzaban los voluntarios. Durante aquella mañana, se mezclaban los grupos de voluntarios con las personas que acudían a rendir homenaje a sus difuntos por el día de todos los santos.
Íbamos cargados hasta arriba y no se nos ocurrió comprar un carro de compra para llevarlo. Partíamos desde San Marcelino a pie con destino a Catarroja. Es un trayecto que en coche no lleva más de 20 minutos, pero que a pie por la Ruta del Colesterol, nos llegó a costar más de dos horas. El paisaje era dantesco... solo era necesario cruzar el puente para ver el destrozo que supuso la DANA en la pedanía de La Torre (perteneciente a la ciudad de Valencia). Encontré muchos coches aplastados, garajes anegados, muebles, basura... y el olor. Realmente por mucho que vieses la televisión, es imposible hacerse una idea de cómo era el ambiente. Antes de partir, mi familia ya me dijo que me hiciese la idea de que iba a ver escenas muy desagradables y a gente que lo había perdido todo. Y así fue. Avanzamos hasta Catarroja, pasando por Benetússer y Massanassa. Pudimos recorrer un gran camino en mitad de una auténtica catástrofe natural. Parecía todo sacado de una película de miedo o de ciencia ficción. Podría pararme a describir lo que vi, pero eso nos llevaría un artículo muy largo.
Pie de foto: Calle de Catarroja, 1 de noviembre de 2024
Nuestra parada fue darle a nuestro amigo Luis pañales y comida para su bebé. Nunca vi tanta gratitud en una mirada. Y es que Catarroja era el escenario de una escena apocalíptica. No obstante todo el mundo estaba ayudando a tirar basura, a sacar muebles y a quitar barro. En un momento repartimos a nuestra gente (e incluso a gente que pasaba por ahí) comida y agua, mientras limpiábamos garajes y bajos. Recuerdo vaciar de muebles la casa de una señora, y también utilizar herramientas para limpiar de barro un bajo colindante. Además que sacamos muebles de la casa, uno por uno. Recuerdo que había una panadería en esa calle que la regentaban señores mayores, y los voluntarios con una sonrisa dijeron que estuviesen tranquilos, que seguro que al día siguiente ya podrían abrir al público (en tono esperanzador). Al caer la noche tuvimos que salir, ya que no había luz y era peligroso, no solo por la oscuridad, sino porque se estaban reportando robos. Caminamos otras dos horas hasta casa. Y vimos también el rastro de destrucción que había dejado la DANA. Literalmente, no podía con mi alma. Y eso que fue el primer día. Aprovechando que era puente, el día siguiente repetimos acción, yendo allí donde fuese necesario.
Recuerdo haber ayudado a una familia que tenía pinta de humilde en Benetússer. Me acuerdo de ir con mi hermana y sacar muebles de esa casa que estaban llenos de fango. Todo echado a perder. Entré en casa de mucha gente, cada cual con su vida, sus historias... que se vieron truncadas por esta desgracia. Esta familia nos dijo que si queríamos tomar algo, que nos podían invitar a una Coca-Cola, incluso cerveza. Nosotros les dijimos que con que estuviesen bien, nos bastaba. Lo que nunca olvidaré fue a Chelo y su familia. Entramos en una vivienda sin conocer de nada a los dueños y nos pusimos manos a la obra para quitar todo ese barro de allí. Era increíble cuánta agua había entrado en esa casa. Y lo que más pena me dio fue como tuvimos que tirar a la basura muchos recuerdos. Incluso un traje de sevillana que le regaló el padre de Chelo a su hija. No sé cuántas horas estuvimos allí, pero yo me sentí muy reconfortado.
Pie de foto: negocio en Catarroja. La línea de barro muestra hasta donde llegó el agua.
Una vez que vives esas cosas, te das cuenta de que el hecho de ducharte o tener una cama es un auténtico lujo. También poder tomarte unas cañas en el bar de abajo o vivir con la tranquilidad de poder regresar a una casa cálida y segura. Nunca me sentó tan bien una cerveza o una comida como a la vuelta de la catástrofe.
Llegaba ayuda de todas partes de España y la verdad que no podía estar más feliz de encontrar algo que por fin nos unía. Los últimos días de voluntariado recuerdo que era habitual encontrar furgonetas de reparto de comida o ropa. Era curiosa la sensación de que ibas a ayudar y sabías que ibas a comer de caliente. Miles de voluntarios de todo el país arrimaron el hombro, lo cual nos llevó a tener algo de esperanza.
En política, más no es mejor.
Sobre la crítica política, comentar que desde ese momento dejé de creer en el sistema. Vivimos en una nación en la que contamos con ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas y un gobierno central, que en estos casos parece que estén más preocupados de ponerse la medalla de la gestión y en echar la culpa a la otra parte, que en hacer mejor la vida de las personas.
A día de hoy sabemos que el president Carlos Mazón dimitió de su puesto el pasado 7 de noviembre. Y no es para menos dada su impopularidad tras su "desaparición" en El Ventorro durante las horas más críticas. El funeral por las víctimas de la DANA no hizo más que rematar su ya acabada figura política.
No obstante, por parte del gobierno central también sufrimos un serio abandono. Fue muy lamentable esa sensación de ver cómo había más prensa los primeros días tras la DANA que ejército, policía o bomberos. Nunca olvidaremos esa frase de Pedro Sánchez "Si necesitan ayuda, que la pidan", como si 229 muertos y pérdidas millonarias en infraestructuras no necesitasen una acción inmediata del gobierno. Tuvo que ser tras el palazo en Paiporta cuando por fin decidieron moverse. Y es que parece que importaba más señalar al Partido Popular como responsable de la inacción, que trabajar por los ciudadanos.
Este es el motivo que me ha hecho dejar de creer definitivamente en la política, o al menos en el sistema tal y como lo tenemos implementado a día de hoy. Aunque eso da para otro post.
La conclusión es que no podemos esperar a que los políticos hagan las cosas por nosotros. Intentando no caer en discursos populistas, en esas fechas pude ver que no existe nada garantizado en esta vida, ni si quiera dentro de un estado de bienestar.
Con esto enlazaría a otro post, pero ya me ha quedado un poco largo el tema. ¡Saludos y sed felices!
Enlaces de interés:
Breve explicación sobre la responsabilidad política: https://www.youtube.com/watch?v=7Q2vRHEXuLY
Cronología de la inundación: https://www.youtube.com/watch?v=L5lXyh98Itg
Fuentes:
Sobre las lluvias: https://www.rtve.es/noticias/20241030/catastrofico-temporal-valencia-lluvia-dana/16310046.shtml
Sobre las declaraciones de Mazón: https://maldita.es/clima/20241102/alerta-dana-mazon-aemet-delegada-gobierno/
"Si necesitan ayuda que la pidan": https://www.youtube.com/shorts/7eCD3j6UFAs








